Problemáticas

 Problemáticas identificadas

A continuación entregamos una tabla con las dos problemáticas identificadas y su impacto a nivel local, nacional y mundial. La lectura de esta nos aytuda a entender mejor el gran impacto que ha tenido el rechazo al cuidado de los animales no humanos en nuestra interacción con las demás especies con quienes compartimos este hermoso hogar.


Problemáticas identificadas

Análisis a nivel local

Análisis a nivel nacional

Análisis a nivel global

¿Cuáles son las causas históricas, socioculturales, políticas y económicas del problema?

¿Cuáles son los efectos sociales, culturales, ambientales y políticos del problema?

 

Problemática 1

 

Desconocimiento de los derechos de los animales.

 

Muchas personas no saben que los animales son seres sintientes según la Ley 1774 de 2016 y la “Ley Ángel” Ley 2455 de 2025

Mary Soler, directora de la Fundación Patitas en la Calle ubicada en Puerto Boyacá, señala que el principal problema del abandono animal proviene de la irresponsabilidad de muchos propietarios de mascotas. Explica que algunas personas adquieren animales sin compromiso, permitiendo su reproducción descontrolada y su posterior abandono como si fueran objetos sin valor. Esta situación se evidencia especialmente en las noches, cuando numerosos perros vagan por las calles, muchos de ellos con dueños que no se hacen responsables de su esterilización.

 

(Radio, 2024)

En Colombia el problema del desconocimiento de los derechos animales presenta matices similares, aunque con particularidades propias. Históricamente, el Derecho Civil (Código Civil de 1873) no distinguió a los animales de otros bienes muebles, por lo que fueron considerados mayormente como propiedad y herramientas de trabajo. Culturalmente, hasta fechas recientes predominó la visión utilitarista: por ejemplo, los perros eran valorados principalmente por su capacidad de cuidar propiedades, no por su compañía o bienestar. Aún hoy se observan prejuicios socioculturales (mascotas confinadas, trato distanciado con animales de campo, escasa empatía hacia fauna silvestre) que reflejan un bajo nivel de conciencia sobre las necesidades de los animales. La educación formal en bienestar animal ha sido insuficiente: diagnósticos oficiales alertan sobre la “escasa vinculación de la temática de bienestar animal en los procesos de educación”. (F, 2021)

En el plano mundial, similar a lo que sucede a nivel nacional, la falta de conciencia de los derechos de los animales está vinculada a causas históricas y culturales profundas. Tradicionalmente los animales fueron considerados propiedad o meros recursos, una visión antropocéntrica que se mantiene en prácticas rituales y creencias religiosas de muchas sociedades. Estudios internacionales muestran que cada cultura valora de modo distinto a los animales –p. ej. en algunos países asiáticos las mascotas son menos protegidas, mientras que se valoran más los animales de cría– pero existe un consenso global creciente a favor del bienestar animal. La Declaración Universal de los Derechos del Animal (ONU, 1978) subraya que la ignorancia de estos derechos “ha conducido al hombre a cometer crímenes contra la naturaleza y contra los animales”

El maltrato animal, la caza furtiva y el tráfico ilícito de fauna (movido a menudo por mitos culturales) figuran entre los negocios ilícitos más lucrativos y amenazan la biodiversidad global. Socialmente, el maltrato animal se asocia también a violencia interpersonal, por lo que su tolerancia puede agravar otras problemáticas humanas. Políticamente, a nivel mundial las naciones forman convenios (como la CITES) y leyes (p.ej. Constitución alemana de 2002 incluye explícitamente “derechos de los animales”) para contrarrestar estas tendencias. A pesar de la diversidad cultural, la mayoría de encuestas globales revelan que gran parte de la población mundial apoya la protección legal de los animales. (Fauna Silvestre Sigue Amenazada Por Mitos y Creencias, s. f.)

El desconocimiento de los derechos de los animales contribuye a normalizar el maltrato, el abandono y la indiferencia frente al sufrimiento animal, lo que refleja una baja empatía y sensibilidad social. Diversos estudios relacionan este fenómeno con un aumento de conductas violentas entre personas, ya que la falta de respeto hacia los animales tiende a reproducirse en las relaciones humanas. Además, genera problemas de convivencia comunitaria, como la proliferación de animales callejeros, conflictos vecinales y riesgos sanitarios derivados de la ausencia de responsabilidad ciudadana frente a la tenencia de mascotas.

 

Desde el punto de vista cultural, la falta de conocimiento de los derechos animales mantiene prácticas tradicionales que implican sufrimiento, como el uso de animales en espectáculos, fiestas populares o actividades de trabajo forzado sin bienestar. Esto perpetúa una visión antropocéntrica —el ser humano como centro y los animales como objetos— que limita el avance hacia una cultura de respeto y compasión. El desconocimiento también impide que las comunidades revaloren su relación con la naturaleza y los seres vivos, obstaculizando la construcción de una ética colectiva basada en la coexistencia. (F, 2021)

Problemática 2

Creencias culturales erróneas.

 

Pensar que los animales “no sienten dolor” o que “maltratarlos es parte de enseñarles”. Razón por la que el estado colombiano estableció la “Ley empatía” Ley 010 de 2024.

En nuestras comunidades se evidencia que muchas creencias y prácticas cotidianas reflejan una visión utilitaria y superficial de los animales, en la que son considerados objetos de uso o exhibición. Desde una perspectiva sociocultural, esta percepción se relaciona con la idea errónea de que los animales existen únicamente para satisfacer necesidades humanas, ya sea como compañía, adorno o símbolo de estatus. En consecuencia, cuando dejan de cumplir esa función —por envejecimiento, enfermedad o simple desinterés— son abandonados o reemplazados, lo que contribuye a la sobrepoblación y al aumento de animales en situación de calle. Además, se observa que en muchos contextos persiste la práctica de castigar a los animales como método de enseñanza o corrección de conducta, lo cual refleja un desconocimiento de su capacidad de sentir y aprender mediante el refuerzo positivo. Estas acciones, basadas en la ignorancia y en patrones culturales arraigados, no solo vulneran el bienestar animal, sino que también reproducen modelos de violencia.

En el ámbito nacional también persisten creencias culturales erróneas sobre los animales, a pesar de avances legales recientes. Por ejemplo, mitos populares (como creer que “el canto de los canarios ayuda en los negocios” o que beber caldo de pichón de loro “hace hablar al niño”) incentivan el tráfico ilegal de fauna silvestre Estas prácticas tradicionales –enraizadas en costumbres y pseudomedicinas– son causas sociales y culturales del problema. Por otro lado, costumbres arraigadas de maltrato se han fundamentado históricamente en visiones utilitarias: la tauromaquia llegada con la colonización fue defendida como “tradición cultural”

 

A nivel mundial, las creencias culturales erróneas han tenido un efecto significativo en la normalización del maltrato animal, al justificar el sufrimiento de los animales bajo la idea de la tradición, la religión o la costumbre. Estas creencias, arraigadas en visiones antropocéntricas que colocan al ser humano por encima de las demás especies, perpetúan prácticas como las corridas de toros, las peleas de animales, la caza deportiva, el uso ritual de fauna silvestre y la explotación de animales en espectáculos. Dichas prácticas son defendidas como parte del patrimonio cultural, lo que genera resistencia al cambio social y obstaculiza la aplicación de leyes de protección animal. Además, estas creencias fomentan una jerarquía moral entre especies —valorando más a las mascotas que a los animales de granja o silvestres— y alimentan problemáticas globales como el tráfico de fauna y la pérdida de biodiversidad. En conjunto, mantienen una percepción desigual y utilitaria de los animales, dificultando el desarrollo de una ética universal basada en el respeto y el bienestar de todos los seres vivos.

El problema del maltrato animal tiene raíces históricas, socioculturales, políticas y económicas que se entrelazan y lo sostienen. Históricamente, los animales fueron vistos únicamente como recursos para alimentación, transporte o trabajo, y prácticas como las corridas de toros, peleas de gallos o sacrificios rituales se transmitieron como parte de la tradición, sin que existieran normas que los reconocieran como seres sintientes. En el plano sociocultural, persisten creencias erróneas que consideran a los animales inferiores o incapaces de sentir dolor, lo que ha normalizado su uso en espectáculos y costumbres violentas; además, la falta de educación y la resistencia a cuestionar tradiciones refuerzan estas prácticas. Políticamente, durante mucho tiempo la protección animal no fue prioridad, lo que generó vacíos legales y una débil aplicación de las normas; incluso, algunos gobiernos han defendido prácticas de maltrato como patrimonio cultural para ganar apoyo social. En el ámbito económico, el maltrato se mantiene porque actividades como las corridas, peleas o la explotación comercial de animales generan ingresos y empleo, mientras que la desigualdad socioeconómica lleva a que en comunidades vulnerables los animales sean vistos solo como medios de subsistencia; a esto se suma el mercado informal del tráfico de fauna y la venta ilegal de mascotas.

Las creencias culturales erróneas que restan valor a los animales tienen efectos significativos en distintos ámbitos de la vida social. En el plano social, contribuyen a la normalización del maltrato y a la pérdida de empatía, lo que lleva a muchas personas a percibir la violencia hacia los animales como algo natural o sin importancia. Esta indiferencia facilita la transmisión de comportamientos agresivos a nuevas generaciones y se asocia con el aumento de otras formas de violencia interpersonal. En el aspecto cultural, estas creencias perpetúan prácticas tradicionales que justifican el sufrimiento animal bajo la idea de la costumbre o la herencia cultural, impidiendo un avance ético colectivo y afectando la imagen del país ante el mundo. Desde una perspectiva ambiental, el desconocimiento y la falta de conciencia fomentan el abandono, la sobrepoblación de animales y la caza indiscriminada, lo que genera desequilibrios ecológicos, pérdida de biodiversidad y riesgos sanitarios. Finalmente, en el ámbito político, estas creencias reducen la presión social para aplicar las leyes de protección animal, limitan la asignación de recursos públicos y generan conflictos entre las normas modernas y los sectores que defienden tradiciones contrarias al bienestar animal. (Datéate, 2018)

 Luego de analizar estas problemáticas decidimos dar especial enfásis a la problemática número 1 titulada "Desconocimiento de los derechos de los animales"y como medida de socialización nos centraremos en la hipótesis  de que "muchas personas no saben que los animales son seres sintientes según la Ley 1774 de 2016 y la “Ley Ángel” Ley 2455 de 2025" y por eso tomaremos la iniciativa en hacer difusión de esta ley y así apoyar con nuestra voz a los que no tienen una voz.

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